En mi hora libre de almuerzo me senté a leer una revista que me llamó la atención por su título, en ella se habla de lo que pasa en nuestro planeta y lo que podríamos hacer para conservarlo, la misma lleva por nombre NUESTRO PLANETA, es una revista del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente cuya edición es la Mayo de 2007, un poquito tarde la estoy leyendo pero no deja de ser interesante… aquí les dejo un articulo muy bueno, digno de leerlo…
REFLEXIONES
por Achim Steiner, Secretario General
Adjunto de las Naciones Unidas y
Director Ejecutivo del Programa de las
Naciones Unidas para el Medi Ambiente
Casi 130 años después de que Thomas Edison la inventara, el mundo quizá esté a punto de decir “gracias, y buenas noches” a la lámpara eléctrica incandescente. Australia ha anunciado su prohibición; Cuba, Venezuela y la Unión Europea están avanzando también en ese mismo sentido. Deberíamos alegrarnos de su desaparición, ya que los miles de millones de esas lámparas existentes en todo el mundo — sólo el 5% de las cuales convierte eficientemente la energía en luz– provocan emisiones masivas de dióxido de carbono. Naturalmente, el problema del cambio climático obliga a los gobiernos a regular las metas de reducción de las emisiones y a promover formas más sostenibles de generación y consumo de la energía. Pero parte de la solución está también a la vuelta de la esquina, en la tienda o el supermercado local, tanto como en las salas de conferencias internacionales. Este mensaje — que la capacidad de actuación está tanto en manos de los consumidores como de los ministros y jefes de Estado– alcanza gran relieve en el Día Mundial del Medio Ambiente, que este año tiene será organizado por el Gobierno de Noruega en la ciudad ártica de Tromsø.
La eliminación gradual de las lámp
aras eléctricas, y del despilfarro de energía que generan, es sólo una de las muchas oportunidades disponibles. Por ejemplo, según un informe de la Iniciativa del PNUMA de construcciones y edificios sostenibles, con una combinación correcta de reglamentación gubernamental acertada, mayor uso de tecnologías de ahorro de la energía y cambios en el comportamiento, los edificios de todo el mundo podrían recortar, según estimaciones a la baja, en 1.800 millones de toneladas las emisiones de CO2. Una política de eficiencia energética más agresiva podría conseguir una reducción de más de 2.000 millones de toneladas, casi tres veces más que la totalidad del volumen de reducciones previstas en el marco del Protocolo de Kyoto. Como se observa con claridad en los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el cambio climático representa un enorme desafío social, ambiental y económico. Las regiones polares — centro de atención del Día del Medio Ambiente Mundial de 2007 — son especialmente vulnerables. En el Ártico, el deshielo generalizado, los daños provocados en los edificios y la infraestructura como consecuencia del asentamiento del suelo debido a la descongelación del permafrost, la erosión costera y la pérdida de medios de subsistencia tradicionales son fenómenos que están llamados a intensificarse, a no ser que se recorte radicalmente la emisión de gases de efecto invernadero.
Por otro lado, la lucha contra el cambio climático representa también una gran oportunidad de hacer realidad muchas de las promesas formuladas por los países desarrollados a los países en desarrollo en los terrenos de la financiación y el desarrollo, y de abrir nuevos cauces para hacer frente a las cuestiones ambientales de carácter más general, desde la contaminación atmosférica hasta la deforestación. De hecho, si queremos evitar el peligroso cambio climático y garantizar la estabilidad de la Antártida y el Ártico, y no digamos del resto del mundo, debemos agudizar el ingenio y buscar todas las soluciones posibles: desde el ahorro de energía hasta el desarrollo de suministros de energía más limpios y la gestión de las tierras y la vegetación en forma más sostenible.
Es imperiosa la necesidad de establecer un régimen mundial que ofrezca una estrategia justa, equitativa y significativa de reducción de las emisiones después de 2012, fecha de vencimiento del Protocolo de Kyoto. Las naciones industrializadas deben ser las primeras en movilizarse y las que deben llegar más lejos. El objetivo de la Unión Europea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 12% para 2020 es digno de encomio. Ha llegado la hora de que otros recojan el guante. El resto del mundo industrializado no puede justificar su inacción recurriendo al mito de que los países en rápido desarrollo no están dispuestos a colaborar con los esfuerzos por reducir el CO2. Brasil, por ejemplo, reducirá probablemente sus emisiones de gases de efecto invernadero nada menos que el 14% para el año 2020; si recibiera ayuda, la cifra podría ser más próxima al 30%. Algo parecido ocurre en China y en algunos sectores de la economía india, en particular el transporte.
A la larga, se necesitarán reducciones del 60 al 80% para estabilizar por completo la atmósfera. Se requerirán nuevas tecnologías: si el régimen sucesor del Protocolo de Kyoto es realmente sólido, se estimulará sin duda la invención. Pero es mucho lo que podemos hacer ya para salvar los casquetes polares, y el resto del mundo, con unos pocos euros o dólares, utilizando tecnologías ya disponibles en el mercado. El Organismo Internacional de Energía estima que la aceptación universal de las lámparas fluorescentes permitiría reducir 470 millones de toneladas de CO2 en 2010, más de la mitad de las reducciones previstas en el marco del Protocolo de Kyoto. Ha llegado ya la hora de relegar las lámparas incandescentes a los libros de historia. De esa manera, podríamos tener la oportunidad de comenzar a relegar a esas mismas páginas el dramático fenómeno del deshielo y el peligroso cambio climático.◙
Vamos amigos, tomemos conciencia, cambiemos los bombillos comunes por los fluorescentes, reduzcamos las emisiones de CO2, con cosas tan sencillas de hacer, como apagar un bombillo si no se usa, apagar un tv, un aire acondicionado, un ventilador, desenchufar un cargador de teléfono si ya no lo estamos usando, podemos contribuir un poco, hagamos todo lo posible, estamos a tiempo de salvar a nuestro planeta…
Saludos…
REFLEXIONES

por Achim Steiner, Secretario General
Adjunto de las Naciones Unidas y
Director Ejecutivo del Programa de las
Naciones Unidas para el Medi Ambiente
Casi 130 años después de que Thomas Edison la inventara, el mundo quizá esté a punto de decir “gracias, y buenas noches” a la lámpara eléctrica incandescente. Australia ha anunciado su prohibición; Cuba, Venezuela y la Unión Europea están avanzando también en ese mismo sentido. Deberíamos alegrarnos de su desaparición, ya que los miles de millones de esas lámparas existentes en todo el mundo — sólo el 5% de las cuales convierte eficientemente la energía en luz– provocan emisiones masivas de dióxido de carbono. Naturalmente, el problema del cambio climático obliga a los gobiernos a regular las metas de reducción de las emisiones y a promover formas más sostenibles de generación y consumo de la energía. Pero parte de la solución está también a la vuelta de la esquina, en la tienda o el supermercado local, tanto como en las salas de conferencias internacionales. Este mensaje — que la capacidad de actuación está tanto en manos de los consumidores como de los ministros y jefes de Estado– alcanza gran relieve en el Día Mundial del Medio Ambiente, que este año tiene será organizado por el Gobierno de Noruega en la ciudad ártica de Tromsø.
La eliminación gradual de las lámp
aras eléctricas, y del despilfarro de energía que generan, es sólo una de las muchas oportunidades disponibles. Por ejemplo, según un informe de la Iniciativa del PNUMA de construcciones y edificios sostenibles, con una combinación correcta de reglamentación gubernamental acertada, mayor uso de tecnologías de ahorro de la energía y cambios en el comportamiento, los edificios de todo el mundo podrían recortar, según estimaciones a la baja, en 1.800 millones de toneladas las emisiones de CO2. Una política de eficiencia energética más agresiva podría conseguir una reducción de más de 2.000 millones de toneladas, casi tres veces más que la totalidad del volumen de reducciones previstas en el marco del Protocolo de Kyoto. Como se observa con claridad en los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el cambio climático representa un enorme desafío social, ambiental y económico. Las regiones polares — centro de atención del Día del Medio Ambiente Mundial de 2007 — son especialmente vulnerables. En el Ártico, el deshielo generalizado, los daños provocados en los edificios y la infraestructura como consecuencia del asentamiento del suelo debido a la descongelación del permafrost, la erosión costera y la pérdida de medios de subsistencia tradicionales son fenómenos que están llamados a intensificarse, a no ser que se recorte radicalmente la emisión de gases de efecto invernadero.Por otro lado, la lucha contra el cambio climático representa también una gran oportunidad de hacer realidad muchas de las promesas formuladas por los países desarrollados a los países en desarrollo en los terrenos de la financiación y el desarrollo, y de abrir nuevos cauces para hacer frente a las cuestiones ambientales de carácter más general, desde la contaminación atmosférica hasta la deforestación. De hecho, si queremos evitar el peligroso cambio climático y garantizar la estabilidad de la Antártida y el Ártico, y no digamos del resto del mundo, debemos agudizar el ingenio y buscar todas las soluciones posibles: desde el ahorro de energía hasta el desarrollo de suministros de energía más limpios y la gestión de las tierras y la vegetación en forma más sostenible.
Es imperiosa la necesidad de establecer un régimen mundial que ofrezca una estrategia justa, equitativa y significativa de reducción de las emisiones después de 2012, fecha de vencimiento del Protocolo de Kyoto. Las naciones industrializadas deben ser las primeras en movilizarse y las que deben llegar más lejos. El objetivo de la Unión Europea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 12% para 2020 es digno de encomio. Ha llegado la hora de que otros recojan el guante. El resto del mundo industrializado no puede justificar su inacción recurriendo al mito de que los países en rápido desarrollo no están dispuestos a colaborar con los esfuerzos por reducir el CO2. Brasil, por ejemplo, reducirá probablemente sus emisiones de gases de efecto invernadero nada menos que el 14% para el año 2020; si recibiera ayuda, la cifra podría ser más próxima al 30%. Algo parecido ocurre en China y en algunos sectores de la economía india, en particular el transporte.
A la larga, se necesitarán reducciones del 60 al 80% para estabilizar por completo la atmósfera. Se requerirán nuevas tecnologías: si el régimen sucesor del Protocolo de Kyoto es realmente sólido, se estimulará sin duda la invención. Pero es mucho lo que podemos hacer ya para salvar los casquetes polares, y el resto del mundo, con unos pocos euros o dólares, utilizando tecnologías ya disponibles en el mercado. El Organismo Internacional de Energía estima que la aceptación universal de las lámparas fluorescentes permitiría reducir 470 millones de toneladas de CO2 en 2010, más de la mitad de las reducciones previstas en el marco del Protocolo de Kyoto. Ha llegado ya la hora de relegar las lámparas incandescentes a los libros de historia. De esa manera, podríamos tener la oportunidad de comenzar a relegar a esas mismas páginas el dramático fenómeno del deshielo y el peligroso cambio climático.◙
Vamos amigos, tomemos conciencia, cambiemos los bombillos comunes por los fluorescentes, reduzcamos las emisiones de CO2, con cosas tan sencillas de hacer, como apagar un bombillo si no se usa, apagar un tv, un aire acondicionado, un ventilador, desenchufar un cargador de teléfono si ya no lo estamos usando, podemos contribuir un poco, hagamos todo lo posible, estamos a tiempo de salvar a nuestro planeta…Saludos…
2 comentarios:
muy buen articulo publicado. es imposible que si todos los ciudadanos del mundo cambian los bombillos por otros de bajo consumo...se reduzca a la mitad las emisiones de CO2.lo veo dificil, pero claro, no imposible.
Lo que tiene que hacer el Protocolo de Kyoto es hacer una campaña super-hiper-mega mundial sobre los beneficios de cambiar esas lamparas...y otras muchas cosas mas. hay mucho que todavia no saben lo que es el protocolo de kioto, y que en una reunion, EEUU fue aplaudida xq al final cedio a reducir las emisiones de gases a la atmosfera....
es un tema muy interesante este. cada dia te superas mas cariño jeje.
te quiero
besos
Yo ya cambie las bombillas por focos ahorradores ;)
Saludos
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